La mujer por fuerza, comedia de Tirso de Molina, ha sobrevivido en una versión muy depurada, publicada por primera vez en 1635 y reeditada en el siglo XX por Blanca de los Ríos. Su lamentable estado de conservación ha sido la razón principal por la que esta deliciosa comedia no ha sido representada en España. Pertenece al género de comedia de enredo, perfeccionado por Tirso de Molina en piezas como Don Gil de las Calzas Verdes. Una vez desbrozada de errores y malentendidos de los copistas y editores del siglo XVII, el texto de La mujer por fuerza emerge en toda su brillantez como una magnífica pieza de relojería, provista de una trama que se mueve vertiginosamente hacia una hilarante locura. Pese al carácter básicamente cómico de la obra, por debajo de ese mundo absurdo, se deja entrever un subtexto mucho más serio que nos hace reflexionar. Mi versión libre de La mujer por fuerzaofrece al público moderno una comedia clásica cuyo texto se entienda perfectamente, cosa que no ocurre con mucha frecuencia. Mi intención ha sido, como la del buen traductor, conseguir un equivalente moderno del impacto que hubiese tenido la pieza en el espectador del siglo XVII. Si he tenido éxito o no, lo dirán las carcajadas o el silencio del público que vea y oiga el texto representado.
José María Ruano
En gran parte de las comedias de nuestro Siglo de Oro el leitmotiv de los personajes que da lugar a la trama y en la que se apoya toda la acción está basado en unos valores que a un público de hoy le resultarían un tanto lejanos. Honor… ¿a qué suena la palabra honor? No sé por qué, pero nada más oírla, ¿no entran ganas de dormir? Honra… me viene la imagen de una habitación destartalada y vacía. Reputación… sería la palabra que tuviese unas connotaciones más cercanas al público de hoy, pues no tardaría en entender la desesperación en la que se ve envuelto el Conde, al sufrir un sinfín de enredos por ver menoscabados su fama y prestigio y acabar aceptando lo que los demás digan y piensen de él, aun a pesar de no ser cierto. Tirso se ríe de las angustias que los hombres sufren por empeñarse en construir una imagen perfecta y de acuerdo con los valores establecidos, aunque éstos sean tan cambiantes y antojadizos como lo son los hombres y sus conciencias. Estamos ante un personaje femenino tremendamente trasgresor que, con su comportamiento, va a poner patas arriba todas las leyes cortesanas a las que están sometidos todos los hombres de esta comedia por temor de su reputación.
José Maya