La devoción de la cruz es uno de los textos más fascinantes de Calderón de la Barca, aunque, incomprensible- mente, de los menos representados.
Ha sido versionada al holandés (en 1665 por Antonio Francisco Wouthers), y Albert Camus la adaptó al francés. En cuanto a puestas en escena, cabe destacar los dos montajes que Meyerhold hizo del texto, uno en 1910 y otro en 1912.
A pesar de su apariencia de obra piadosa, La devoción de la cruz tiene un potencial subersivo que nos lleva hacia el centro de esta propuesta: la problemática del Tótem y el Tabú, tal como lo plantea Freud.
La versión de Cámara Negra centra la trama en los cuatro personajes principales (el padre y los tres hijos), convirtiendo así la historia en una tragedia familiar e intimista, a través de una dramaturgia cercana a la que esta compañía de teatro hiciera en el pasado con el Otelo de Shakespeare.